El pato Taco
Taco era el mediano de tres hermanos
patos. Le enfurecían sus hermanos y por eso se
dedicaba
a molestarles. Tico, su hermano mayor, nadaba fenomenal, incluso había
aprendido ya a salir del agua volando, escuchaba siempre lo que decía
mamá y para colmo de males era ordenado, a Taco le parecía insoportable. Por
no hablar de Tuca, la pequeña, era hermosísima y tan delicada que parecía que
no tocaba el agua cuando hacía sus deberes. Taco pensaba que mamá, tenía
debilidad por Tuca y que la quería más que a ninguno de ellos, por esto se
sentía en la obligación de molestarla constantemente. Cuando Tuca se dormía,
Taco se levantaba y la destapaba para que se enfriase, si ella se metía en el
agua el se escondía entre los juncos y sin que nadie le viese le colocaba
cuerdas para que se le enrollasen en las patas.
Cuando mamá veía que Tuca se hundía,
se desesperaba y regañaba a Taco, que siempre respondía:
-
¿Por qué me lo dices a mí? Siempre igual, eres injusta conmigo, claro
como a mí no me quieres.
La mamá pata se enfurecía más
todavía , como era posible que Taco no se diese cuenta de lo peligroso que era
atarle las patas a Tuca, ¡podía ahogarse!. Entonces regañaba más
a
Taco y este le decía:
-
Eres mala conmigo, no te quiero ¡Idiota!
Y claro mamá ya explotaba y le daba
un azote a Taco, después el lloraba y sentía todavía más odio hacia Tuca; y
la mamá pata se iba a su nido, totalmente descorazonada, pensando como ella había
podido pegar a su pequeño patito travieso.
Esta situación se repetía un día
si y otro también. Hasta que un hermosa tarde de verano, en la que mamá se
disponía a dar una nueva clase de buceo a sus patitos, Taco se escondió entre
unos matorrales, quería dar un buen escarmiento a sus hermanos, había
preparado un disfraz de cocodrilo, con una corteza de árbol. Sin hacer nada de
ruido se metió en el agua y empezó a bucear hasta encontrar un buen sitio para
esconder el disfraz, se moría de la risa al pensar en el susto que les iba a
dar.
De
pronto, noto como algo le agarraba por detrás y le sacaba del agua. Era la gran
grulla negra, la mejor nadadora de toda la laguna. Le llevo en brazos hasta
donde estaba su familia, y les dijo.
-
Señores patos, vengo a darles la enhorabuena por este patito. Le he
estado observando y he visto como nada, como se zambulle en el agua es algo
increíble, el tiempo que resiste buceando. Creo que sin lugar a dudas llegará
a ser el mejor nadador de la laguna algún día.
La mamá pata no daba crédito, la
gran grulla negra la mejor y mas elegante nadadora de toda la charca alababa a
Taco, el más revoltoso de sus hijos, el que más noches le había dejado sin
dormir preocupada por su comportamiento.
Por su parte Taco estaba fascinado
hablaban bien de él, y encima delante de sus padres y hermanos, todos lo
estaban escuchando. No estaba acostumbrado a los elogios, normalmente todo el
mundo le regañaba. Esto era estupendo, sin darse cuenta y con el fin de
molestar a sus hermanos había desarrollado unas habilidades para nadar
totalmente fascinantes.
Mamá
pato se dio cuenta de la cara de satisfacción de Taco, le cogió en brazos dándole
un gran beso y dijo:
- Muchas gracias Sra. Grulla por su amabilidad, Taco ¿Te gustaría darles
a tus hermanos la clase de buceo?
Creo que lo harás mejor que yo.
Taco pasó el mejor día de su vida,
durmió muy feliz acurrucado al lado de su mamá, agotado, porque tanto Tico
como Tuca, resultaron ser bastante torpes buceando, y se tuvo que esforzar mucho
para enseñarles bien.
Padres
¿Cómo es posible que de la preciosa
boca de nuestro bebé estén saliendo semejantes burradas? ¿No nos quiere
realmente? ¿Tan mal lo estamos haciendo?
Desde la guardería nuestros pequeños
comienzan a convivir con otros niños y a escuchar toda clase de insultos.
Cuando nos los dicen, lo que buscan fundamentalmente es observar nuestra reacción,
ante semejante palabrota, que para empezar en la mayoría de los casos no tienen
ni idea de lo que significa, pero parece malo. No entres en el juego, es
preferible hacer como que no has oído nada y permanecer impasible (por lo menos
intentarlo) y a ser posible utiliza alguna forma de distracción, cuando vea que
no tiene ningún efecto sobre ti, casi seguro dejará de interesarle esta manera
de molestar a los demás.
Más tarde cuando ya no recuerde el
insulto, cuéntale el cuento de Taco y habla con el de lo que significa ser
desagradable con los demás.
Si esto no funciona y el insulto se
convierte en un hábito, en el momento en el que diga una palabrota puedes decir
en tono tajante y autoritario (sin grito) un BASTA YA. Normalmente los niños
saben que hay normas que no son negociables y ante las que mejor no pasarnos si
no queremos consecuencias más serias.
Si la situación no mejora y va en
aumento consulta con un buen profesional, hay muchas formas de cambiar una mala
conducta, pero cuanto antes comenzamos más fácil será
corregirla.