| Tal día como hoy... | | En 1815. Napoleón Bonaparte entra en París al mando de un ejército tras su exilio de la isla de Elba. | |
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Peleas entre hermanos
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¿Cariño entre hermanos?.... |
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Te
pasas nueve meses planificando pues mejor que sea chico, como ya
tenemos uno pues un compañero de juegos, bueno si es niña mejor por que
así tendremos la parejita,....
Pero ¿qué pasa cuando los “enemigos” están dentro de nuestra propia casa,
durmiendo en la habitación de al lado? Las peleas entre hermanos son
normales e inevitables, pero como padres tenemos que ayudarlos a
solucionarlas con amor.
– ¡¡¡Mamáááááá, me ha pegado!!! – No, es ella la que empezó... – Mentira, tú me sacaste la lengua
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Durante la infancia, los hermanos son una parte muy importante de la vida.
Pasan más tiempo entre ellos que con sus padres: viven juntos, comen
juntos, pelean juntos, se defienden unos a otros. Se origina una relación
muy íntima, pero también muy competitiva. La rivalidad entre hermanos es prácticamente inevitable. Resentimientos,
envidias, celos y sentimientos ambivalentes son algo normal. El riesgo
reside en que esa competencia natural entre hermanos se transforme en
rencores que puedan durar toda la vida. ¿Por qué? |
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Los hermanos se pelean por varios motivos. Como tienen la necesidad de
sentirse queridos, el hermano siempre va a ser un rival, alguien hacia
el cual va a tener sentimientos alternativos de amor y de odio. Imaginan
que sus padres quieren más al otro que a él, sienten que su territorio
está amenazado y reaccionan para defenderlo. Por eso, los padres deben
tratar de que cada hijo tenga “su” lugar seguro en la familia, evitar
las comparaciones y la tendencia a tratarlos como si fueran todos
iguales.
Muchas veces, no es necesario que exista una situación real de
injusticia en la casa para que el hijo se sienta inseguro, sino que
puede responder a la falta de autoestima de ese chico en particular y
esto lo lleva a formarse ideas equivocadas sobre a quién quieren más. |
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También puede deberse a un complejo de inferioridad con respecto a sus
hermanos cuando el mayor es brillante y el segundo lo percibe como un
techo inalcanzable, o cuando lo ve como un rival que hace todo mejor que
él. Y en esto tienen mucho que ver las comparaciones: un niño no se
preocupa tanto de lo alto que es, sino de quién es el más alto de la
clase. En esta edad, también, surgen los juegos en equipo y se originan
peleas y discusiones porque todos quieren ganar. No les gusta esperar,
entonces hacen trampa, se forman alianzas, etc. |
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La actuación de los padres
El origen de las envidias y las peleas también puede estar
en nuestra forma de actuar como padres. Decimos que queremos a todos nuestros
hijos por igual; sin embargo, si les preguntamos a ellos, nos sorprenderíamos al
ver que tienen bien claro quién es el preferido de cada uno. Están continuamente
evaluando quién recibe cuánto y de quién. Quizá inconscientemente, manifestamos
nuestras preferencias: porque se parece más a nosotros, porque es el mayor,
porque nació cuando ya éramos más viejitos, porque es varón o porque es mujer...
Muchas veces avivamos estos sentimientos al intervenir en las peleas, al
comparar o al alentar la competencia entre ellos. |
Algunas recomendaciones
En primer lugar, hay que mantener la calma. Las peleas
son algo normal, casi como un deporte familiar. Los padres no deben
intervenir para así darles a ellos la oportunidad de que solucionen sus
diferencias. Sí deben hacerlo cuando la pelea se complique o cuando uno
sea dominado por los demás; cuando vean que surgen como consecuencia de un
rencor o cuando uno siempre es el tirano y el otro, la víctima.
Los padres deben tratar de ser lo más objetivos
posible para poder actuar con justicia. Hablar a solas con cada hijo para
que puedan reconocer su responsabilidad e intentar que la pelea termine
con el perdón y la reconciliación. Si no son capaces de aprender a pedir
perdón ahora, todos sabemos lo que cuesta hacerlo de adulto…
Para ello, es importante:
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Enseñarles a expresar verbalmente las emociones para que puedan
reflexionar sobre la pelea y el motivo de ésta, y los pasos por seguir
en el futuro.
-
No
hacer comparaciones. Conviene darle oportunidades a cada hijo para
que pueda demostrar sus capacidades. También es conveniente felicitar al
que se esforzó (aunque haya sacado peor nota) y no compararlo con su
hermano al que no le cuesta nada sacarse buenas notas.
-
Demostrar que los queremos. A veces, con la vorágine de la vida
diaria nos olvidamos de hacer gestos de cariño explícito tanto a
nuestros hijos como entre nosotros. Conviene mentalizarnos y enfocarnos
en lo importante que son esos contactos entre los miembros de la
familia.
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Y
nunca decir eso de: "en esta casa no hay quien resista, no os
aguanto más, cualquier día me voy y ya veréis como entonces os
queréis,.....". Primero no es verdad, segundo con estas tan
contundentes les estás enseñando a contestar y a no respetar vuestro
hogar. Y por último y más importante si contestas así es que estás muy
enfadado y tú eres el adulto y el que debe controlar la situación, no te
puedes dejar llevar por la bronca de los niños.
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