Tenemos
que ser fuertes: la madre va a sentir un acoso que no siempre es fácil de
llevar y nuestro pequeño, aunque nos parezca un desagradecido, nos
necesita para superar esta etapa: tendremos que acercarnos poco a poco a
él hasta enseñarle que ese "resto del mundo" que no es su mamá también le
puede querer y cuidar igual de bien.
Tenemos que darle la tranquilidad de que sus padres
están ahí cuidándole... pero no solo eso.
También es fundamental que fomentemos en él la
seguridad de que pasa nada, que el mundo no es ofensivo, que esas personas
ante las que se pone a llorar (como los abuelos del terremoto Javier),
también le quieren. Para todo ello necesitamos un poco de psicología:
sería bueno que al principio le acariciásemos mientras le ponemos en las
manos de otro, o que estuviéramos cerca para que se relaje y juegue a
gusto con otros niños... y esto es crucial, que pese a sus miedos le
busquemos siempre compañeros de su edad, con los que gracias al juego se
irá dando cuenta de que no es tan grave pasar el rato con otros.
A muchas madres les compensa padecer el acoso de esa lapa en la que se
convierte su hijo. Si lo piensas, es realmente enternecedor ver cuánto
depende de nosotros esa criaturita que tantos esfuerzos nos ha costado
formar... y es que necesitándonos así nos hacen sentirnos tan especiales y
necesarias que puede dar hasta gusto soportar sus chillidos, llantos,
gritos y disgustos.
Si queremos ser madres responsables, tenemos que superar
este pequeño placer que nos puede dar verle así de necesitado: no siempre vamos
a estar ahí para consolarle, para resolverle sus angustias. Hay que promover en
él el valor, el abrirse a los demás, el no tener miedo de jugar con otros... el
no necesitarnos, pues nuestra función es hacer de él una persona fuerte y segura
de sí mismo, algo que cuando se consigue, os aseguro que os llenará de mucho más
orgullo que el que puedes sentir cuando le ves que te necesita todo el tiempo.
A continuación os dejamos unas cuantas pautas para
sobrellevar mejor esta fase:
Ante
todo, vida normal y seguridad en vosotros mismos. Ya hemos visto que
ahora siente esa angustia porque es a lo que le lleva su desarrollo, así
que no penséis que no llora porque no le queréis lo suficiente. Evalúate
como padre [y como madre] independientemente de estos lloros: si le
estás cuidando convenientemente, al final, aunque te parezca que te va a
odiar de por vida por separarte de él y hacer tu vida normal, se
adaptará a la situación.
La
independencia se fomenta desde el primer momento: intenta contenerte y
deja que tu hijo gatee sin que le sujetes, incluso, si no hay ningún
peligro en algunas habitaciones, permítele que llegue hasta ellas sin
que estés vigilándole.
No
evites las separaciones: tiene que experimentarlas y darse cuenta de que
no pasa nada, si no jamás aprenderá. Aunque se te encoja el corazón con
sus llantos, recuerda que tiene que vivir esto para aprender de ello.
Sí que
es bueno que estés a su lado cuando va a conocer a personas importantes,
como tíos, abuelos, primos, incluso los amigos del parque. Poco a poco
tenemos que ponernos a vigilarle en un segundo plano, para que se de
cuenta de que sigues por ahí aunque no estés encima suyo.
Si vais
a contratar a una niñera, procura que sea siempre la misma.
Cuando
vaya a enfrentarse a un gran cambio (un viaje con toda la familia, un
traslado de casa, ir al médico), haz que le acompañe esa almohada o
peluche favorito. Este tipo de objetos siempre le sirven para
tranquilizarse y saber que todo va bien y vienen muy bien cuando tienen
que empezar a dormir solos.
Es
fundamental que le animes a tomar responsabilidades. Desde hacer la cama
hasta poner la mesa, desde preocuparse por la comida del perro, hasta
participar en un equipo... todas estas actividades le harán darse cuenta
de que puede hacer cosas sin que nadie esté siempre encima suya.
Si
vamos a marcharnos, tenemos que anunciárselo con un poco de antelación,
y dejarle claro cuándo vamos a volver. Tan importante es que volvamos
cuando se lo hemos dicho (nada de engaños) como marcharnos si ya le
habíamos avisado, por mucho que monte el espectáculo (nada de engaños en
esto tampoco).
Antes
de marcharnos, podemos prepararle apelando a su responsabilidad. "Y hoy
quiero que vigiles a..." Que le demos algo que le haga sentirse
importante... eso o sorprenderle con un juego o película nueva. No es la
manera ideal para superar la separación, pero nos puede ayudar durante
un tiempo. ¡Ah! Importante: darle unos mimos antes de irnos, pero cuando
estemos saliendo, nada de darnos la vuelta y alargar las despedidas.
Todo debe ser muy normalito.