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“Los adolescentes
necesitan que no se negocie con ellos los límites, y lo necesitan tanto como el
poder negociar todo lo demás”
Es una terapeuta metida a
la televisión, pero al hablar ella descubres que lo suyo, en realidad, es hacer
puentes. Habla y habla y todo lo que te dice son pequeñas piedras con las que
cada uno puede crear en casa caminos de entendimiento entre el planeta de los
adolescentes y el de los adultos.
Eso u ofenderse, porque al
leer esta entrevista algún que otro padre le parecerá que Ana Isabel Saz-Marín
no es equitativa, que solo le tira de las orejas a los mayores: no se engañen,
es su estilo. Los que la hayan visto en el programa S.O.S. Adolescentes
habrán visto que funciona, y que si aquí nos da caña, es porque aquí habla entre
grandes, solo para padres.
O, como ella misma dice,
para esos “adultos que tienen la responsabilidad de ofrecerles el mundo, de
mostrárselo para que luego ellos, con la personalidad y capacidad crítica que le
hemos fomentado, vayan escogiendo donde dan cada paso”
Somos Padres:
Enhorabuena por su
programa. Ya le hacía falta una psicóloga a la televisión. ¿Cómo fue el salto?
Ana Isabel Saz-Marín:
Pues de una forma
casual. Entré en un proceso de selección para terapeutas familiares pero sin que
nadie nos dijera que era para hacer un programa. Si me lo hubieran avisado,
seguro que me hubiera echado para atrás. Luego ves que el formato es muy
respetuoso y limpio, que la gente lo ve, y que a quienes vas a visitar le sirve,
y te vas soltando.
SP:
Y cuando se suelta nos da
soluciones para comprender la adolescencia, una etapa en la que los chicos
tienen una crisis de identidad de la que salen mejor cuantos más valores tengan
inculcados. El problema es que los padres queremos transmitirles esos principios
y ellos demandan libertad y autonomía. ¿Cómo podemos enseñar y aconsejar sin que
nos tomen por entrometidos?
Ana Isabel Saz-Marín:
Es la gran
pregunta de la adolescencia. Yo siempre señalo que los padres tienen que, como
punto de partida, recordar que fuimos adolescentes, y nos revelamos, y no nos
entendían. Los chavales están creciendo, han dejado de ser niños pero en muchas
cosas les tratamos como si lo fueran, les decimos el estilo que deben llevar,
que estudie en este horarios...Hay que plantearse que ahora no son niños y
tienen que sentirse escuchados. Como padre puedes tener un criterio muy
definido, pero tu hijo debe sentir que entiendes sus argumentos, que aprecias su
capacidad. Ellos lo que más quieren es sentirse necesarios, y la queja más
habitual que plantean es que les sigas dictando las cosas como si ni hubiera
crecido, como si no tuviera ideas y argumentos que aportar.
SP:
También los padres de hoy
en día estamos un poco “adolescentizados”, en crisis de valores, porque
lo tradicional lo tiramos muy rápido y no tenemos referencias. La educación que
recibimos hoy parece que no se lleva. Pero, ¿no crees que hay elementos de la
educación tradicional que deberíamos recuperar?
Ana Isabel Saz-Marín:
Siempre hay que
recuperar las cosas validas, pero eso no debe retrotraernos a la educación por
miedo, tiranía o sumisión, porque eso en realidad no es educación y está muy
lejos de serlo. Sí que tenemos que clarificar una cosa: las cosas pueden haber
cambiado, pero la educación principal sigue viniendo primero desde casa y luego
coordinada con el centreo escolar. No debemos tirar el balón solo en profesores
porque los chicos si son el reflejo de algo, es de lo que reciben en casa.
SP:
En otra entrevista,
Salvador Cardus decía que del pasado debemos recuperar una idea, y es que la
educación tiene unos componentes de dureza que no debemos ocultar. Vamos, que
para ser buen padre hay que castigar e imponer a veces cosas sin negociarlas.
Ana Isabel Saz-Marín:
Es que desde luego
hay cosas negociables y cosas que no lo son. Hay que casar ambos conceptos,
porque mantener normas y tener una cercanía con el hijo no son opuestos si no
todo lo contrario: un chaval necesita que le marques las cosas más necesarias, y
las que no las negocias porque hay mucho margen. Por ejemplo no podemos
transigir en el tema de que en casa no se deben consumir drogas, pero hay otras
muchas cosas del día a día en el que es importante abrir la mano: les demandemos
que sean independientes y autónomos, pero es que para eso hay que dejarles tomar
decisiones.
SP:
Tocas el tema de la droga,
de la que en tu libro aconsejas hablar sin tapujos, pero en un programa recuerdo
que estabas ante un chico violento que fumaba porros y no trabajaste ese tema.
¿Significa eso que con los adolescentes, hay que priorizar las batallas y ceder
en determinados comportamientos, por malos que sean?
Ana Isabel Saz-Marín:
Hay que aclarar
que para cada programa estamos 80 horas con cada familia, y hay muchas
conversaciones que no se recogen en lo que al final se emite. En todo caso,
tienes razón: el tema de las drogas es muy importante pero no debe ser tratada
con extremismos. Creo que lo mejor es buscar rodeos: si a un chico le preguntas
directamente que si fuma, te dirá que no, que no toma nada. Trata primero de
ganarte su colaboración, su confianza y su diálogo, y así podrás entrar de una
forma más efectiva, tus palabras le influirán más.
SP:
Pero, ¿cómo influirle si
se pasa todo el tiempo con sus amigos y nunca con la familia? Encima, cuando
intentas acercarte y tener un poco de vida familiar, dice que le agobias y se
vuelve más hostil.
Ana Isabel Saz-Marín:
Eso es un clásico:
a los padres nos bajan del pedestal y suben a los amigos, unos son satanizados y
otros endiosados.
El problema es que ese no
es un punto de partida, si no un lugar al que se llega después de muchos años
con una dinámica muy determinada en casa. Cuando la estructura familiar sí ha
fomentado el ocio compartido, siempre se mantienen lugares para hablar, pero
cuando en la familia durante la infancia no hubo esa participación familiar,
todo se radicaliza en la adolescencia. Lo que no vale es quejarse de que pasa 24
horas con la pandilla y ahora sí me preocupa porque es adolescente y puede hacer
cosas más peligrosas cuando hasta hace dos días mi actitud era estar en casa y
no me preocupaba si él salía o no.
Había que estar más
pendiente de él antes, y ahora asumir que los hijos tienen alas y las abren poco
a poco: en la pandilla encuentran cosas que no les podemos ofrecer: el
reconocimiento de sus iguales, la apertura al mundo, al enamoramiento… hay que
saber soltar rienda y ojo que no es fácil. Yo tengo dos peques que ya veré como
asumo ese paso cuando lleguen a la adolescencia.
SP:
Es cierto, deben tener su
pandilla, pero a veces te das cuenta de que ese grupo le sobre mucho el “coco”,
que se deja arrastrar y piensas que será por falta de seguridad pero, ¿cómo
puedo incentivarle eso?
Ana Isabel Saz-Marín:
Volvemos a lo
mismo: hay que dejar que él vaya creando su propio criterio. Si en casa nunca le
dejas decidir por sí mismo, fuera se dejará influenciar por cualquiera. Tenemos
que darnos cuenta de que la familia es una microeconomía y microsociedad: si
dentro le fomentas que desarrolle su propio criterio, fuera seguirá con la misma
línea... Tema aparte es que luego nos dejemos llevar por ese amigo que es el más
ligón o esa amiga que es la más guapa, pero eso es una fase, más o menos
pasajera, y en la que no tengo muy claro que estemos capacitados para dar
lecciones, porque ves que entre los adultos todavía se da mucho esa especie de
admiración.
SP:
La pena es que en muchos
sitios, zonas rurales sobre todo, la “oferta” de amigos posibles es muy
reducida, y muchas veces el adolescente tiene que irse con una panda con la que
no se identifica ni se siente lleno, pero que al menos le da compañía.
Ana Isabel Saz-Marín:
Si esos chicos son
capaces de hacer el análisis que acabas de exponer, están salvados. Aprender a
elegir entre lo que nos conviene y lo que no forma parte del proceso de madurez,
pero a veces no es todo blanco y negro, y aceptas unas compañías porque te
cubren en determinados aspectos pero eres consciente de sus limitaciones. Eso
también lo hacemos los adultos, tragamos con cosas, por miedo, cobardía o
comodidad, y no le decimos cosas a nuestros compañeros, amigos o pareja.
SP:
Vamos a lo práctico. Está
en época de descentre, pero también en fase decisiva de los estudios. ¿Cómo
logro amarrarle al escritorio?
Ana Isabel Saz-Marín:
Mira, en uno de
los programas nos fijamos en que tendemos a reflejar a los hijos que estudiar es
una obligación, lo que nos parece muy lógico y que está muy bien, pero al final
nos estamos creando un problema acaba captándolo solo como una obligación. ¡A él
lo que le pide el cuerpo ahora es enfrentarse a las obligaciones, y van a
responder con apatía a toda imposición! En esta familia el padre estaba todo el
día detrás de su hija diciéndole que tienes que estudiar, que no haces nada, que
es tu única obligación y no la cumples… Si mantienes un permanente estado de
obligación, acabas desmotivándole. La motivación sólo entra si lo ve como algo
positivo, algo que le hace bien, que le reporta cosas. Lo mismo en el estudio
como en lectura: no debemos promoverlo desde la presión de que es una
obligación, si no de lo bien que le va a sentar.
SP:
Es usted experta en casos
de anorexia. En un tiempo en el que los niños crecen rodeados de los medios de
comunicación, ¿qué podemos hacer para dar marcha atrás a tiempo si notamos
ciertas actitudes próximas al perfil de la anorexia?
Ana Isabel Saz-Marín:
Mira, a todos nos
afectan los medios de comunicación y la opinión de los demás, pero los
adolescentes más porque están en fase de buscar su definición. La actitud de los
padres en esto es fundamental: ¿cómo les valoras en casa, hoy y cuando era
pequeño? Por supuesto, por cómo son, pero después de ello andamos señalándole
que no se cuida, que cómo vistes, que vaya pelos… así reforzamos el mensaje de
que todo eso es muy importante y eso puede escapársenos de las manos. Ellos
tienen que ser valorados por lo que son para que no lleguen a la adolescencia y
caigan en la anorexia. Por supuesto que el aspecto tiene cierta importancia,
pero hay que fijarse más en lo bien que hablan, cómo hacen amigos, cómo
dialogan.
Nos quejamos de los medios
de comunicación por la imagen tan banal que dan pero vamos a empezar por los
mensajes que damos desde casa: no puedes dar lecciones de alimentación si no
llevas tú una buena alimentación, el ejemplo es fundamental. Si la madre le da
mucha importancia a su aspecto y se queja de los michelines, esos complejos
acaban trasladándose.
SP:
No me aclaro, entonces si
de repente llega con camisetas de grupos satánicos y veinte pendientes, ¿no debo
preocuparme?
Ana Isabel Saz-Marín:
¿Y qué vas a
hacer? Tú también te rebelabas contra lo que nos imponían cuando éramos jóvenes.
Todos hemos intentado marcar una diferencia de joven, y ahí, todo lo que no sea
dañino y lo que sea la búsqueda de unos mismo es bueno (aunque en esto debemos
hacer una excepción con los skins). ¿Cuantos chavales que van de góticos
permanecen con ese estilo en la edad adulta? Casi ninguno. ¿Qué hacer? ¿Le vas a
cortar el pelo, prohibir una ropa? A lo mejor tu estilo adolescente era mas
inadvertido, pero no hace que este sea peor. Más allá de que se ponga tres
pendientes y camisetas raídas, mira qué esta buscando y ayúdale a encontrarse
para que no tenga que definirse por un estilo de música o una forma de hablar.
[Aquí conviene recordar un
ejercicio que Ana Isabel practicó precisamente con una chica de estética
siniestra. Compró pinturas y un gran papel: puesto que los colores transmiten,
el ejercicio era pintar los sentimientos con los que nos vemos y vemos al resto
de la familia. La chica se pintó gris, negra, y después de acabar, Ana Isabel le
explicó que hay días en que nos levantamos grises, marrones, azules, pero, al
igual que con los colores, en nuestra mano está ir cambiando a lo largo del día
esos tonos, que si te levantas triste no debes aceptar sin más ese sentimiento y
ahogarte en él, porque en tu mano está cambiarlo].
SP:
Muchos chavales gastan su
tiempo entre el ordenador, la consola, el chat, los cascos y la tele. ¿Cómo le
desengancho y le devuelvo al mundo real?
Ana Isabel Saz-Marín:
¡Es que ya están
en el mundo real! La tecnología nos rodea a todos, pero los adultos tenemos una
serie de cribas para seleccionar el tiempo que le damos a cada cosa. Nada de
todo esto es malo, a menos que se pasen demasiadas horas, ahí debemos marcar un
límite y debajo de él, negociar. ¿Que necesitas tanto tiempo de chat? Muy bien,
pero a cambio debes tener determinadas rutinas saludables y de familia.
El que se recluye en casa
para jugar a la consola 8 horas acaba reduciendo sus relaciones sociales, la
creatividad, la vida familiar, pero en vez de prohibir, hay que buscarle otro
tipo de ocio, abrirles el mapa: hay conciertos, teatro, cines, salidas con
adolescentes, museos… Volvemos a lo de los encuentros familiares: hay padres que
se quejan de que su hijo no sale ni hace nada, pero analizas los últimos 15
fines de semana y no se ha propuesto una tarea alternativa, la única aportación
de los padres ha sido la recriminación constante. En vez de eso, cógele y
llévale al campo y que se lleve el ordenador para que no se sienta desplazado.
|
S.O.S Adolescentes es un programa que puede verse los viernes en la cadena
de televisión Cuatro.
S.O.S Adolescentes es también un libro escrito por Ana Isabel Saz-Marín y
editado por Aguilar en el que se recogen importantes consejos para padres
con hijos adolescentes |