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Así se aprende a leer


Un niño al que le aburra leer está condenado. Eso lo tienen bien claro los profesores. Por eso es fundamental que como padres no dejemos la responsabilidad de aprender a leer a la escuela: evidentemente, los maestros son expertos en enseñar estas cosas, pero en casa hay un sin fin de juegos y ayudas que podemos hacer para que nuestro peque, no sólo aprenda a leer, sino que además, le coja gusto al asunto.

Los pedagogos coinciden en que para que el niño aprenda a leer, lo más útil es llenarlo todo de palabras y papeles. Tenemos que hacer que el juego de “pintar” con letras se le haga cada vez más interesante.

è Así que, una buena idea, es que nos pasemos por la librería y nos hagamos con lápices de colores, hojas, pizarras, y todo el material que nos pueda ayudar. ¿Es necesario? Bueno, todo aquel que conozca un poco las debilidades de un niño, sabe que no hay nada mejor que el brillo de lo nuevo, el encanto de los colorines, y la apariencia de juguete, para tener al niño enganchado.

CUANDO LAS PALABRAS SON JUGUETES: Una vez llena la casa de material, de lo que se trata es de inventarnos todos los juegos posibles que le hagan “picarse” y mejorar su capacidad para recordar palabras. En una pasada entrevista con Bernabé Tierno éste nos recordaba que a una paciente suya, a la que le costaba aprender a leer, le empezaron a dar una tarjeta que ponía “papá”, y ella tenía que llevarla hasta su padre. Otra con “silla” para hacer lo mismo.

è La cocina puede ser un buen campo en esta batalla por las palabras. Sería de mucha utilidad colocar en ella una pizarra, y así, por ejemplo, le podemos poner una fruta en las manos, pedirle que nos diga su nombre, y que lo escriba en la pizarra. “Ahora me vas a poner ahí lo que quieres tener mañana para desayunar”. Una vez vaya cogiendo vocabulario, deberías convocar a tu hijo a la cocina, e irle dictando la lista de la compra... siempre echándole una mano en las palabras que más le cuesten.

Antes de abandonar la cocina, un truco: cuando te haga un dibujo, de una casa, un coche, o lo que sea, pon tu la palabra de lo que él a dibujado, y cuélgalo en la nevera, para que luzca bien su obra de arte. Pasado un tiempo, hay que pedirle a él mismo que sea quien “nombre” los elementos de su obra.

NO HAY NADA MÁS EDUCATIVO QUE DAR EJEMPLO: ¿Cuántas veces has cazado a tu hijo imitando algún gesto u opinión que antes habías dicho tu? El primer paso para enseñarle a un niño a leer, es que nos vea a nosotros leyendo un periódico, un libro o una revista. Si por casualidad él se pasea por ahí cuando nosotros estamos leyendo, debemos pararle, hacer que se acerque, y contarle lo interesantísimo de aquello que estamos leyendo.

è ¿Hay que corregirle las faltas de ortografía? Es una duda que corroe a muchos padres, pero que tiene una respuesta sencilla: hay tiempo para todo. Si ves que a tu hijo le cuesta todavía escribir, no debemos poner mucha atención en ese “vurro” o ese “havuelo” que tanto daño nos hace a la vista. Paciencia. Sólo cuando ya le veamos más suelto con las palabras, debemos empezar a corregirle.

A ESCRIBIR SE APRENDE LEYENDO: Lo fácil, lo bonito, y lo necesario, es coger y repetir esa escena tan típica de poner al niño en la cama y leerle un cuento. Eso está bien. Está muy bien. Pero lo complicado, lo duro, y lo igualmente necesario, es armarnos de paciencia, ponernos a su lado, y que sea él mismo el que nos lea.

Son momentos duros, en los que la desesperación puede empezar a mordernos, en los que la vista se nos va al reloj, y la cabeza a todas partes.

Pero hay que seguir.

è Hay muchas formas de leer, y todas las debemos practicar. Primero, debemos ser nosotros los que le leamos cuentos. Luego, cuando nuestro hijo empiece a manejar las palabras, es bueno que vayamos dejando a su cargo la lectura de uno de los personajes. Luego podemos irnos alternando, cada uno un párrafo, o un personaje. De esta forma se nos hará a los dos más divertido, pero lo ideal, la mejor situación, es que sea él quien lea todo: pocas cosas son más estimulantes para un niño que tenernos ahí, con toda nuestra atención puesta en él.

UNA VISITA GUIADA. Tenemos que organizarlo de forma que sea toda una ceremonia, una confirmación de que él ya ha superado la fase de aprender a leer, ya es “uno de los nuestros”, un casi adulto.

El aprendizaje a la lectura debe ser un camino que lleve a nuestro hijo hasta conseguir, con su propia foto y todo, el carnet de la biblioteca, un documento que le permite acceder a esa casa de los libros, donde encontrará libros de toda clase y pelaje. Ahí nuestro hijo empezará a caminar sólo en el mundo de las palabras, y, cada vez más a su bola, irá eligiendo unos libros en vez de otros.

Y así hasta, ¿quién sabe? Quizás un día te sorprenda y llegue a casa con un libro escrito por él, de esos que empiezan “a mis padres, por lo mucho que hicieron para que aprendiera a leer”.

¿CUENTOS PARA BEBÉS?

La industria, atenta a cualquier mínima necesidad para darnos un nuevo producto, ha llegado a ser capaz de sacar libros para bebés. ¿Son útiles realmente?

La respuesta es sí, esos libros útiles, pero otras cosas también.

Cuando nuestro peque no alcanza ni los dos años, todo lo que podemos hacer para encaminarle bien hacia la lectura, es que le coja el gusto a las historias. En este sentido le resultará muy estimulante que nos pongamos a su lado, con un cuento fábula, y empecemos a interpretar ante él los personajes de a historia. ¡Pocas cosas le hacen más gracia a un bebé que vernos así, haciendo un poco el payaso!

Con o sin libros, con gestos como estos es como ya empezamos a ponerle en la buena dirección.

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