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¿Estás educandole con valores?
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Hay una escala sin números, un medidor que nos ayuda a valorar a las personas en estos tiempos donde tantas cosas se ponen en duda, donde cada año aceptamos un nuevo invento.
Tenemos un problema, como generación, como época o como sociedad: en estos tiempos,
cada vez parecen más las situación en las que no sabemos lo que está bien y lo que está mal.
Todos los días nos enfrentamos a cosas nuevas, donde no podemos aplicar esos ejemplos que tanto nos enseñaban en la
escuela, o en casa nuestros padres. Nuestros hijos nos traen a veces un torrente de comportamientos, de peticiones, ante los que no nos sale una respuesta rápida, y cuando nos sale, luego
andamos dándole vueltas. ¿Y si lo estoy haciendo mal?
No sabremos siempre cuál es la decisión correcta, pero en cambio si que notamos perfectamente que dos tipos de personas: están los que se pierden en un mar de dudas, o lo relativizan todo, o todo les da igual, o sencillamente,
utilizan un arsenal de argumentos antes de mover un dedo. Este tipo de gente lleva arrastra dentro de sí esta desorientación de los valores que parece el signo de nuestra época.
Luego están los otros. Los que viven en paz consigo mismos, no porque sean cabezones, no porque no se preocupan de las cosas. Es que tienen tan claro su lugar en el mundo.
Tienen muy arraigados unos valores que son su referencia. Tienen, en definitiva, un buen abono sobre el que crecer.
¿Le estamos dando a nuestros hijos ese suelo? ¿Estamos fomentando en él unos valores arraigados?
Hoy en día los valores ya no se arraigan mediante el “hijo, esto es lo bueno, no pienses en otra cosa y cumple el mandamiento”. Se arraigan de otra manera. ¿Estás dando en el clavo?
Te proponemos un test que quizás te pueda ayudar a conocer mejor cómo tus actos están formando un tipo de educación en tu hijo, de la que a lo mejor se nos escapan cosas.
RECUERDA: un test no es infalible, no es una etiqueta que te diga cómo debes ser. Es una brújula que te puede orientar un poco, pero el camino lo haces tu. Lee estas preguntas, y, si te sorprenden,
plantéate que a lo mejor te conviene hacerte más a menudo preguntas de este
tipo.
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1. |
| Vemos crecer a nuestros hijos por fuera, pero, ¿también nos damos cuenta de lo que pasa dentro? Hablas con él todos los días, hasta el punto de que sabrías decir cuál es su mejor amigo, si se lleva mal con alguien, qué hace cuando sale por ahí, qué le está preocupando últimamente, y, también, por qué no, cuál es su color favorito. |
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a |
Por supuesto que sé todo eso, y además sé qué niño/a le gusta ahora. |
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b |
Todo, todo, no, pero casi. Ya se lo preguntaré. |
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c
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Pues, la verdad, no me vendría mal una charla con él para saber esas cosas.“¿A que tiene
buen gusto?” |
2. |
| Las experiencias son el alimento que nos hacen crecer.
¿Cuándo fue la última vez que hiciste con él algo nuevo, algo que nunca antes habías hecho? |
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a |
Esta semana. |
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b |
Este mes. |
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c
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En las últimas vacaciones. |
3. |
| A la hora de hacerle un regalo, pongamos que por su cumple … |
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a |
Miro los catálogos que van llegando, las publicidades, y escojo lo más apropiado para su edad.
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b |
Le sondeo disimuladamente.
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c
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Lo confieso: este tipo de cosas me cuesta horrores y a veces acabo cogiendo algo deprisa y corriendo. Pero bueno, ¡nadie es perfecto! |
4. |
| Hablemos de comidas. Cuál de estas frases se ajusta más a tu caso. |
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a |
Pocas veces comemos todos juntos por incompatibilidad de horarios, pero cuando lo conseguimos, lo hacemos sin tele y charlando de todo. |
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b |
No comemos juntos todos los días, pero sí bastantes veces. Siempre solemos aprovechar la comida para ver juntos la tele. Tenemos muy claro qué ver en cada una de esas ocasiones, y, la verdad, la suerte es que sabemos esperar a la publicidad para hablar. |
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c
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Depende de la época, hay veces que nos sentamos a la mesa con mayor o menor frecuencia, y para algunas ocasiones, solemos poner la tele, pero es “una más” en la sala, porque solemos hablar bastante. A veces sobre lo que vemos. |
5. |
| El profesor te dice que ha castigado sin recreo a tu hijo por pegarle a un niño. |
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a |
Si te soy sincero, lo primero que pienso es cómo sabe él que a sido mi niño el culpable. |
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b |
Son cosas de niños. Cuando mi hijo me dice que está fastidiado le repito que le está bien empleado, que así aprenderá a hacerle caso al profesor. |
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c
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Me entero de las circunstancias (hablando con mi hijo, pero sobre todo con el profesor). Lo hablo con el profesor, y me planteo seriamente si con el recreo bastará o hace falta que también le castigue sin salir unos días. De lo que no se salva es de una buena charla. |
6. |
| El niño te llega a casa. Hoy han aprendido lo que es la ecología. |
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a |
Me parece muy bien. Está bien que enseñen ese tipo de cosas en clase. Antes no lo hacían. Ahora, por favor, deja la mochila en su sitio que hay que merendar. |
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b |
Estupendo. Le escucho el discurso entero, porque está emocionado. “Oye, pues tienes razón”. Al final, su lección se traduce en que acabo teniendo un par de bolsas de basura en lugar de una sola. |
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c
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Es muy buena cosa que le enseñen esas cosas en clase. ¿Cómo podría yo reforzar eso en casa, con él?
Umm, veamos… hago con él una lista de cosas que podemos cambiar en nuestra vida para tener un comportamiento más responsable, pero me aseguro que a él le toquen también algunas tareas. Yo por mi parte, si te soy sincero, cumpliré las mías, pero creo que sobre todo por aquello de dar ejemplo. |
7. |
| ¿Cómo suelen terminar más a menudo vuestras discusiones? |
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a |
Le escucho. Si mi hijo tiene poca edad, si no ha llegado a cierta madurez, y por más palabras que le de no le convenzo, acabo
imponiéndome, no se, con un grito. Si mi hijo es adolescente, o mayor de edad, y no logro hacerle ver que mi opción es la mejor, le digo que sólo me preocupo por su bien, pero que él ya es mayor, y que tiene que hacer lo que vea. Así que suerte. |
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b |
Cuando se dan, pues muy mal. Cree saberlo todo y no entra en razones, así que acabamos cada uno por nuestro lado y malamente. |
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c
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Bueno, procuro enfocar las discusiones creyendo que, si no he logrado convencerle, es porque no me he sabido expresar bien, así que intento llevarle a mi terreno con otras palabras. Doy vueltas y vueltas. |
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