Ponerse ante un espejo y tener los arrestos de decirnos la verdad a la cara, no es tarea fácil. Se nos da a las mil maravillas eso de juzgar a los demás, pero cuando de lo que se trata es de definirnos, ahí empiezan las dudas. ¿Somos lo que se llama una persona segura, o insegura? Los puntos medios pueden salvarnos la situación cuando hay que
responderle a alguien y no queremos pensar mucho, pero, de verdad, ¿cómo somos?
A continuación os presentamos otro Test bien sencillo con el que quizás podamos descubrir alguna que otra cosilla más sobre nosotros mismos.
1. Hoy estamos ante la típica situación. Vamos a comer a un sitio, con los críos o con unos amigos. Nos apetece pedir pero el camarero pasa repetidas veces por delante y ni nos mira.
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Bueno, pues a esperar. Estará muy liado, qué se le va a hacer.
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Una pase, pero ya dos no. Me pongo bien atento para que cuando pase a mi lado me oiga bien. Para asegurarme voy a empezar
hinchando de aire los pulmones... ya verás como ahora no se pasa.
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Es una de las situaciones que más me sacan de quicio. Uno espera un buen servicio, pero no hay manera. En cuanto venga pienso ponerle las cosas claras, y si es necesario, ya me pondré yo a contarle al
encargado.
2. Felicidades. En la empresa en la que estás deciden que, como premio a tantísimo trabajo, te ascienden. Esto hay que celebrarlo. Así
que...
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...
Me guardo la satisfacción y lo comento de pasada a mis más cercanos.
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Empiezo a preparar una lista de la gente con la que quiero celebrarlo. Si hay que tirar la casa por la ventana, se hace, que estas cosas no pasan muchas veces.
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Fiesta íntima, solo con los más amigos y bien preparadita.
3. Todos pasamos por momentos claves. Situaciones en las que debemos tomar una decisión en cuestión de segundos. En estas
circunstancias
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Me suelo quedar en blanco, no se por qué. Soy de los que me gustan rumiar antes una decisión.
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Si es cuestión de segundos, elijo una de las opciones y ya está, no le doy más vueltas. Si sale mal, pues mira, la culpa no es tanto de la elección como de la urgencia con la que llegó.
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Mi cabeza es como un ordenador, qué le vamos a hacer, pero mira, una de las cosas buenas que tiene es que aún en esas situaciones creo que tengo capacidad para pensar bien cada cosa y no decidir
alocadamente.
4. Hora de renovar el estuario. ¿Cual de estas tres es tu situación ideal?
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Pido refuerzos. Si voy solo me pierdo, y acabo trayéndome algo que no necesitaba. Ya tengo bien visto quién es la persona que me puede ayudar.
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Mejor solo que mal acompañado. Tengo muy claros cuales son mis gustos, y si no hay más remedio, prefiero ir sin compañía.
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Suelo ir con alguien y sí, le escucho porque a veces me ayuda, pero no es imprescindible. Tengo claro lo que
quiero.
5. Cómo eres a la hora de trabajar en grupo.
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Soy de los que escuchan mucho y atentamente lo que dicen los demás.
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Normalmente en seguida tengo una idea muy clara de cómo sería la mejor forma de hacer las cosas, así que trato de que los demás se convenzan.
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Negociador. Escucho y hablo y luego veo lo que dicen los demás. Muy diplomático la
verdad.
6. Hablemos de la creatividad. A veces hay que inventarse un disfraz o montar un belén. En esos casos:
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Uy, este tipo de cosas no son mi fuerte. Busco dibujos y trato de copiarlos, o me fijo en quién suele tener buenas ideas para estas cosas.
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No si, ideas nunca me faltan. El problema más bien que suelo tener es ponerlas en práctica, que me suelo aburrir enseguida.
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No soy un genio, pero bueno, alguna cosa se me ocurre y claro, la trabajo.
7. Si en el disfraz de antes, tuvieras que escoger a un personaje con el que te identificas, elegirías a...
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El patito feo,
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Dartagnan, Indiana
Jones...
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La princesa de los cuentos, el sastrecillo valiente.
Y AHORA...
Debes coger tus respuestas y ver cuál de las tres opciones ha predominado en ellas.
MAYORÍA DE A: a de ay. Con toda seguridad, nos hemos dado cuenta muchas veces de que
dudábamos más que los demás, y que tenemos cierta dificultad para sacar todo lo que llevamos dentro. Peor que fracasar en esto de alzar la voz, sería aún que ya nos hayamos acostumbrado a la situación y dejemos a los otros hablar y hacer en nuestro lugar. Tienes que intentar ser más protagonista de lo que te rodea. No te limites solo a la
imagen del sacrificio callado, y, si te mereces algo, un elogio que no llega, no te calles y hazte valer. Porque no lo dudes: tu vales más de lo que ahora estás demostrando. Y eso tienes que sacarlo, porque si no te
acabará comiendo y al final creerás que no, que los demás tienen razón y te olvidarás
de todo eso que tienes dentro sin salir.
MAYORÍA DE B: una de las formas de tapar una inseguridad es poniéndonos la careta de “soy la persona más firme del universo”. Bien, es una opción y
seguramente no sea la peor solución, pero tampoco es la mejor. Porque en el fondo, debajo de todos esos modales de aplomo y firmeza, parece intuirse algunos momentos de hondas dudas de los que, a veces, no sabes ni de donde vienen. No te alejes de lo que eres, incluso si lo que eres es una persona insegura con algunas cosas. ¡Cuéntaselo a tus cercanos! No es ningún pecado, no te hace peor persona. Todo lo contrario, te hace más
persona y menos máscara, y, aunque te suene mucho a palabras grandes, una máscara dura se rompe antes que una persona insegura que sabe tolerarse. Además, el tener que creerte más seguro de lo que eres te puede llevar a asumir responsabilidades que acaben asfixiándote.
MAYORÍA DE C: En tu plan de futuro no está el salvar a la
humanidad, pero sí tratar de llevarte bien contigo y con los demás. Parece que has entendido perfectamente el difícil arte de hablar, saberse imponer cuando es necesario, y escuchar cuando es lo mejor. Parece, en fín, que conoces bien cuáles son tus límites, y eso te
hace transitar siempre sobre terreno seguro y estar bastante en paz contigo mismo. Enhorabuena. Eres una persona muy equilibrada.
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