Cuando
detectamos los errores estables comentados en el niño, debemos sospechar una
dislexia y derivar el niño para un diagnóstico en profundidad.
Las
actividades a realizar dependen de las carencias concretas que tenga el niño.
Partimos de que todos los disléxicos tienen alguna carencia en lectoescritura.
El
profesional trata de desarrollar las habilidades del niño, si bien, se pueden
apoyar las actividades mediante el sobreaprendizaje.
Los principios del
sobreaprendizaje son:
-
Enseñar
al ritmo al que el niño pueda asimilar. Aprender paso a paso, asegurando el
éxito del paso anterior.
-
Reconocer
y propiciar los logros.
Se ha de sentir considerado y capaz.
El sentimiento de obtener éxito lleva al éxito.
-
Relacionar
cada paso del aprendizaje a algo cercano para la niña/o.
-
El
sobreaprendizaje debe tener un espacio en el tiempo. Tiene una duración en
la que se requiere la atención del niño. No se debe exceder dado que puede
provocar fatiga. El niño le marcará el ritmo si se sientan las bases de
búsqueda del logro.
-
La información nueva, puede necesitar repetírsela más de una vez, debido a su problema
de distracción, memoria a corto plazo y a veces escasa capacidad de atención.
Paciencia, ¡un disléxico no es tonto! (A. Einstein fue disléxico)
-
No
son recomendables las comparaciones con otro hermano o con sus compañeros. Es fundamental evaluarlo con su propio nivel,
esfuerzo y rendimiento.
Estos
principios pueden ser generalizados a la vida en familia en el trato con el
hijo/a disléxico, aportándole un apoyo emocional.
El
niño/a ha de entender que seguirá siendo querido aunque los resultados en el
colegio no sean positivos. Aun así, debe tener claro que puede tener
éxito. La dislexia no es una disfunción. Se pueden
desarrollar las funciones correspondientes a la adquisición de la lectura
y la escritura. Se pueden acrecentar estrategias que
compensen la dificultad.
Como
hemos dicho la dislexia tiene un origen genético en muchas ocasiones. Son los
padres los que han pasado por lo mismo y conocen el apoyo emocional que sus
hijos necesitan. Además su reconocimiento, puede hacer que valoren que
sus padres se han sabido desenvolver correctamente en la vida. Si sus padres lo
han hecho, él también puede.
Importante
también es no caer en la sobreprotección. En general la
franqueza, la explicación de su problema, la incidencia en que su capacidad
intelectual es normal o superior, ayudan a crear un clima que favorece la
intervención del terapeuta. Como padres debemos generalizar esa actitud
positiva al resto del entorno de los niños.
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